Vaivén

Me acostumbras a ti y te alejas, como la marea, que no es dueña de sí misma.
Me elevas haciéndome creer que no existirá regreso y en lo más alto me sonríes, me besas la frente y me sueltas complacida de saberte la única que puede hacer esto una y otra y otra vez sin que la experiencia haga de las suyas en mis decisiones.
Llenas de aire mis pulmones, y te complace escuchar cómo explotan de ti.
Ves mi agonía y me avientas un beso desde lejos despidiéndote, alegre, porque sabes que no moriré aún con este dolor que nace en mis pies y que llevas atado a tus cabellos: me das de tu veneno lo suficiente para no morir, para no vivir.
Bailas en el tiempo y cada tanto vienes y bailas conmigo, y me bailas.
Pasas junto a mí como si no me conocieras y cuando extiendo mi mano para tocarte te conviertes en otra y entonces de veras no me conoces y me dueles y lloro.
Hace unas horas, en medio de este pesado aire de la Ciudad de México, descubrí tu olor al caminar por Londres (oh, nuestro Londres), cerré los ojos y logré ubicarte. Cuando abrí los ojos sólo encontré un árbol seco y triste, y me dijo que estuviste aquì hace muchos años, ¡hace muchos años!
Una semana atrás dejé tus deseos tirados por estas calles olvidadas de Dios y hoy regresé por ellos. Estaban intactos, tal cual los recordaba y me los puse a cuestas como tú quieres que los lleve.
Y junto con ellos, el silencio me acompañará a todas partes gritándome las cosas que no me dices mientras tú recorres el mundo intentando arrancarme de tus ganas.

Advertisement
  1. Aún no hay trackbacks

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 1.717 seguidores