Interminablemente

Julio 21, 2009

Sueño de recuerdos

Ayer se descubrió buscando su olor entre las sábanas: no encontró nada. Fatigado y sin sentido del tiempo se encontró perdido en un amargo placer de recuerdos vivos. Nada tenía sentido y todo parecía ser actual.

La tristeza que le dejó la búsqueda le duró toda la noche, en la que solo soñó poseer su piel de muerto, fría, insensible, insalubre.

La calma de la mañana fría lo devolvió a la realidad, sus sueños se dispersaron una vez más entre pasos a prisa y lluvia serena. Recordar el beso sabor cafecigarro hizo que el día soleado se nublara para siempre en la memoria. Ningún otro igualará ese sabor que aún lo tienta entre amargas memorias.

Día monótono. Por la noche, en el cafetín sucio, en compañía de la soledad, esa música antigua le hizo desear que estuvieran una vez más en aquella cocina, con las luces apagadas, bailando interminablemente, practicando aquellos pasos olvidados de danzón, con una sonrisa tímida entre los labios, y con un abrazo lleno de todo y de nada, con la alegría de vivir, con la confianza del amor instantáneo como de maquinita de café.

Qué necios, los recuerdos.

Ésta vez

Julio 5, 2009

   maletas[1]

   Los recuerdos son engañosos y crueles. Todo es nuevo siempre entre tu y yo y todo es viejo cuando me sueltas y me dejas ir irremediablemente.  Ahora mismo me estoy yendo y solo veo a lo lejos tu sonrisa moribunda disfrazada de esfuerzo por decirme adios. Te esfuerzas en creer que estaré sentado junto al río hasta que decidas regresar y hundirte conmigo. Estoy agotado.

   No hay mas recuerdos, no habrá más. Hay una Vida esperándome y debo tomarla, no creo tener más oportunidades. Quiero hacerlo y ésta vez voy mas lento que de costumbre pero estoy más cerca de obtenerla.

   Puedo oler la paz, puedo percibir a lo lejos  la infinita satisfacción de ésta elección, y aunque el miedo ésta vez es mayor que antes,  sé que Tu mano no me dejará caer. Quiero cerrar los ojos y dejarme guiar. Quiero acostarme y despertar contigo, no me dejes ir ésta vez, no me dejes recojer un solo pedazo de aquel corazón desquebrajado: dame uno nuevo.

   Hace días que te espero, la impaciencia comienza a hacer estragos. Tengo listas las maletas, para tirarlas a la basura.

Tiempos

Diciembre 29, 2008

Felices, enamorados.

Los tiempos en que se fundamenta mi vida (quiero creer que la muchos más también) son tan inciertos como predecibles, sabemos todo de ellos y no sabemos nada, así de irónico. Siempre queremos que sean mejores y a veces casi hacemos hasta lo imposible para lograrlo. Andamos siempre en busca de la felicidad, esa ramera que solo nos deja probarla a ratos, tentándonos, para irse cada vez más lejos.

El pasado, es eso, pasado, y es inamovible, perpetuo. Aprendemos de él para mejorar (ojalá). Nos recuerda que existimos. Nos deja las experiencias del trago amargo que pasamos al cometer errores y la satisfacción que acarrean los aciertos. Nos invita a lugares cercanos, lejanos. A vivir lo vivido, a platicar, soñar, reír, llorar, a pelear con quien ya no está. Nos llama a oler ya probar nuevamente, a amar con pasión, a odiar con pasión. Nos hace comprender el por qué del presente, anhelar una meta, lograr un fin. El pasado es bueno, porque se quedó allá, atrás, mostrándonos en un gran biombo los caminos recorridos, que nos llevan a destinos buenos y malos. Nos muestra qué debemos hacer, pero sobre todo que no debemos hacer.

El presente es tonto e ilógico. Muchos hacemos lo que debemos y pocos, muy pocos, lo que queremos. Quisiéramos hacer y tener tantas cosas a la vez y con mucho esfuerzo podemos con unas cuántas. Nos estanca en una época de la que jamás escaparemos. Nos da a probar pincelazos de eternidad con quien está en turno. Nos hace vivir apresuradamente, sin descanso. Queremos asirnos de todo lo que vemos. Guardar para siempre en la memoria el hoy. Nos hace pensar que podemos levantarnos cuantas veces caigamos. Que nunca es tarde para empezar de nuevo. Él hace arrepentirnos de tantas y tantas cosas que marcan nuestras vidas para siempre, a repetir “Hubiera” infinidad de veces y a planear y desear lo que no existe, lo imposible. El presente dura lo que un parpadeo. No es más que una línea, un punto que se sabe existe, pero es invisible. El presente es bueno, porque nos hace recordar lo que fue y suponer lo que vendrá.

“No te jactes del día de mañana que porque no sabes lo que dará el día de sí”. El futuro es un “Castillo en el aire”. Sabemos de él, oímos su rumor pero nunca estaremos seguros de alcanzarlo. Es cambiante. Está lleno de éxitos, fracasos, celos, impotencia, envidia, y tantas cosas que nunca cesan de palpitar. Su color es verde, como la esperanza. Queremos verlo como un oasis , un descanso permanente. El futuro se construye en el pasado y en el presente. Hay que ser cautelosos: suele ser traidor y a veces no tiene escrúpulos. Es bueno, porque existe la posibilidad del éxito. Es malo, porque existe la posibilidad del fracaso. No hay mejor sabor que el de la plenitud.

Hace unos días soñé contigo y conmigo, juntos. Ahí éramos libres, felices. Estábamos sólo mirándonos, sólo enamorados.

Te parecerá extraño que te escriba. A mí también me lo parece, pero últimamente has estado en mi mente más de lo normal y sentí la necesidad de hacerlo… Y aquí estoy, terminando de enlazar éstas palabras que acabas de leer, o que jamás leerás.

2004