Ésta vez
Julio 5, 2009
![Maletas listas: para tirarlas a la basura. maletas[1]](http://chanchamitoblog.files.wordpress.com/2009/07/maletas11.jpg?w=257&h=322)
Los recuerdos son engañosos y crueles. Todo es nuevo siempre entre tu y yo y todo es viejo cuando me sueltas y me dejas ir irremediablemente. Ahora mismo me estoy yendo y solo veo a lo lejos tu sonrisa moribunda disfrazada de esfuerzo por decirme adios. Te esfuerzas en creer que estaré sentado junto al río hasta que decidas regresar y hundirte conmigo. Estoy agotado.
No hay mas recuerdos, no habrá más. Hay una Vida esperándome y debo tomarla, no creo tener más oportunidades. Quiero hacerlo y ésta vez voy mas lento que de costumbre pero estoy más cerca de obtenerla.
Puedo oler la paz, puedo percibir a lo lejos la infinita satisfacción de ésta elección, y aunque el miedo ésta vez es mayor que antes, sé que Tu mano no me dejará caer. Quiero cerrar los ojos y dejarme guiar. Quiero acostarme y despertar contigo, no me dejes ir ésta vez, no me dejes recojer un solo pedazo de aquel corazón desquebrajado: dame uno nuevo.
Hace días que te espero, la impaciencia comienza a hacer estragos. Tengo listas las maletas, para tirarlas a la basura.
Emoción
Marzo 31, 2009
Complacida, saciada.
Marzo 16, 2009
El cielo casi estrellado parece una invitación a soñar despierto. El frío de ésta noche cala los huesos. Los únicos sonidos que alcanzo escuchar son los automóviles que pasan frente al balcón donde me encuentro y los grillos que siempre han de estar presentes en mis noches de desasosiego como ésta. Detrás de mi, la muerte, complacida, saciada, se pasea en medio de nuestro dolor. Todo fue tan de repente:
Seis de la tarde de ayer:
- Están por salir, el viaje será largo pero valdrá la pena, ¡qué alegría! ¡La familia por fin se reconciliará, volverá a estar unida!
- Así es, gracias a Dios que las cosas están tomando su cauce.
Ocho de la mañana de hoy:
- ¿Cómo? ¡Dios mío! ¿Cómo fue? ¿Qué pasó?
- …Qué dolor, qué tragedia (sollozos). ¡Fue inevitable, completamente inesperado! Fue ayer, a las seis de la tarde, íbamos saliendo de la ciudad (sollozos, casi gritos). ¡Todo estaba bien! ¿Por qué, por qué ellas dos? ¿Por qué las dos?
Son las ocho de la noche de hoy y la familia ciertamente está unida, como hace muchos años no lo estaba, tal vez como nunca, pero las condiciones son distintas a las esperadas apenas hace unas horas. No hay risas ni grandes conversaciones y los abrazos no han sido de satisfacción y las lágrimas no han sido de alegría. El silencio reina en toda la habitación y aquí en el balcón estoy solo, pensando en la fragilidad de la vida y en la plenitud de la muerte, recordándolas vivas, como siempre estarán en mi memoria y pidiéndole a Dios, si es que aún quiere escucharme, que nos de paz a todos y que el trago amargo pase pronto para él y para ellos, que se despiden de ellas con recuerdos escapándoseles por los ojos e intentando encontrarle un nuevo sentido a la vida.
La muerte a veces es un pretexto para dejar de recordar.
Nuestra muerte.
Febrero 1, 2009
Es cierto: aún puedo sentir las paredes que me han aprisionoado desde hace muchos, muchos días. Apenas he podido asomarme un par de veces por encima de la barda de putrefacta carne y gusanos latentes que me limita. Tengo en el centro de la muerte más palabras de las que puedo discernir. Nunca imaginé que la luz no sería menos dolorosa que la oscuridad que me aprisiona cada día. La luz de la noche es tan escasa que me deja cansado hasta la saciedad cuando hago uso de ella, como hoy, que su fuerza mueve mis manos invisiblemente. Sería menos infeliz si pudiera dejar de dormir para siempre y disfrutar de éste silencio sin la agonizante venganza, puntual, del terror de no volver del letargo inútil.
Mis huesos se formaron no de hueso, sino de recuerdos futuros que aún imagino vivir y la maleza espesa que los cubre no es carne, sino vidas pasadas en que no apareciste. Y tu voz se convirtió en mi piel cuando creí escucharla pronunciar mi nombre, y las yemas de mis dedos tan solo son la humedad de nuestros cuerpos desnudos, calcinados, vírgenes el uno del otro. Y mis ojos son tu mirada. Y mis labios tus besos. Y el soplo que me dio vida es el agua fría que nos unió para siempre.
¿Cuándo me recogerás de la esquina de la sala de mi casa en donde me dejaste? ¿Cuándo llorarás pidiéndome valentía? ¿Cuándo dejaré de buscarte en medio de piernas que no son tuyas? ¿Cuándo vendrás a estrechar mi piel hasta explotarme? ¿Cuándo tus pétalos se abrirán para ofrecerme el olor de la amargura que me niegas? ¿Cuándo mis manos recorrerán tus caminos? ¿Cuándo le pedirás a mis brazos que se entrelacen en tu espalda, vacía de mi?
No sé qué soy ni para qué me ayudaste a nacer pero no pienso dejar de existir aunque hoy se cumplan dos mil quinientas cincuenta y cinco noches de nuestra muerte, y duela.
