Lo fácil, lo difícil

Mayo 26, 2009

Chanchamito

Es tan fácil andar lo andado. Voltear hacia atrás y divisar entre la maleza y las ruinas aquel claro que sólo me ofreció paz y guerra y felicidad y dolor: vida.

Derribar con ambas manos las telarañas que se formaron tras mi paso y reconocer con las plantas de mis pies desnudos la firmeza y comodidad del recién (una vez más, otra) descubierto camino hacia el centro de nuestras almas es verdaderamente fácil.

Se asemeja, ésta facilidad, a cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás en el justo momento en que las gotas de lluvia empiezan a llenar el ambiente; o a simplemente disfrutar por un rato del olor de la tierra mojada que la misma lluvia produce al caer.

Es tan fácil, también, verte a lo lejos, desandar tu propio camino, reconocer tu propio claro, tu remanso de infinita satisfacción, tu vida, tu centro de la tierra: yo.

Qué fácil la luna, qué fácil la noche.

Qué fácil y qué divertido es jugar el eterno jugo del cazador y la presa, reconociéndonos al sabernos tan cerca.

Qué fácil encajan las piezas de éste rompecabezas permanente (nunca permanente) incompleto cuando te quiero aquí y desapareces, cuando me necesitas justo en el medio exacto de tu cuerpo y yo, simplemente no existo.

Qué fácil te lleno con la vida que produces con tu sola presencia acompasada, parsimoniosa al extremo de confundirse en una serie de fotografías sucediéndose: la siguiente mejor que la anterior.

Qué fácil me recibes, como si desde antes de nacer te hubieran destinado a aferrárteme como quien se aferra a la vida, a una vida irremediablemente destinada a la muerte temprana.

Lo difícil viene justo después, la mañana siguiente en que el sol ilumina con verdadera rudeza la única verdad que ha existido entre tu piel y mi piel: nada.

Lo difícil es darse cuenta que el prado encantado ha vuelto a ser ruinas y que, como dice Hemingway, las cosas de la noche no pueden decirse ni verse de la misma manera a la luz del día, la noche siempre guarda mejores cosas y tú definitivamente estás conmigo menos aún de lo que no estás en el día.

Lo verdaderamente difícil es despertar y encontrarme como siempre he estado desde tu muerte primera: sólo, con un par de recuerdos que logran arrancarme una sonrisa amarga.

Lo increíblemente dificil ha de ser despertar enmedio de caricias vacías y sentimientos a medias, y roles que te convierten en la antítesis del dueño de la luna.

Lo único difícil será no voltear una vez más, para caminar en círculos.

De ti

Abril 15, 2009

Pareja en el café.

Es la delgada línea de tus hombros que vi en mis sueños hace unas noches.

Es la suavidad de tu piel y su color, dorado, como el atardecer.

Es tu mirada llena de oscuridad aletargada que desnuda, que destruye.

Es tu voz de sirena que aún me invita a perderme en ti.

Es aquel beso limpio, afuera de ese viejo café que inundamos de amor.

Es el toque de tus manos, temblorosas, húmedas, desesperadas por no soltarme nunca.

Es el color transparente de tus lágrimas derramadas sin sentido aquella tarde que debió ser eterna.

Es el dulce olor que despide tu cabello, y el poder que tiene para quemarnos.

Es el sabor amargo que llega desde mis ojos llenos de verde y beige y negro y nada.

Es ésta noche de luna llena y de imágenes nítidas que se suceden una a la otra como en un carrusel.

Y son estas grandes, inmensas ganas de olvidarte las que me hacen recordarte con más fuerza que ayer y que antier y que hace dos meses.

Quiero dormir una semana completa para que mis ojos descansen de ti.

Mi primer amor

Febrero 17, 2009

 

 Estaba cenando tranquilamente la noche del 14 de éste mes cuando un amigo, de unos 15 años más o menos, me pidió que lo llevara a dejarle un regalo a su noviecilla a propósito del día del amor. No entendía por qué necesitaba compañía, sin embargo accedí. En el camino me confesó que le daba pena caminar por la calle con una caja de cartón llena de motivos románticos llenándole las manos. Me dio mucha risa la situación pues al menos a mi, a esa edad me pasaba lo mismo. Durante el corto viaje los nervios de mi amigo se acrecentaban conforme nos acercábamos a la casa de la susodicha. Finalmete llegamos, se bajó del coche y tocó la puerta con una mano mientras con la otra sostenía la caja con más pena que emoción. Ella abrió la puerta con una sonrisa marca Miprimeramor y más emocionada que sorprendida extendió los brazos para recibir el regalo y ponerlo en la mesita del recibidor sin dejar de mirar a los ojos al visitante. Un par de minutos duró el encuentro: un beso casi invisible y apenado para saludarse, un abrazo del tamaño de un suspiro, manos entrelazadas mientras cruzaban media docena de palabras, un beso final menos pudoroso, otro abrazo y al separarse un intercambio de miradas muy distintas a las del recibimiento, ahora más bien parecían de tristeza, de dolor, de resignación.

Durante la plática de regreso pude percatarme que las cosas no marchaban del todo bien. En resumidas cuentas la posición económica jugaba un papel estúpidamente preponderante en la relación. Sí, ella vive acomodadamente y él es común, simple, normal. Deben verse a escondidas, a ratos porque la familia rica no aprueba la mezcla con la familia pobre. Diferencia estúpida de clases. Diferencia que a veces en otras circunstancias, sobrevalora alguno de los dos.

Y pude ver reflejado mi primer amor en la historia que estaba viendo desde primera fila. Guardando las diferencias, también el dinero jugó su parte, los papás de ella nunca me aprobaron por creerme inferior y porque la niña merecía a alguien de mayor clase. Aún así, luchamos por un tiempo: encuentros furtivos, besos más bien robados, miradas cómplices, abrazos que se anojaban interminables… Pero como atinádamente dice el Divo de Juárez, la constumbre pudo más que el amor y la separación llegó inevitablemente, como el día siguiente, como la siguiente noche. A veces me acuerdo de esos momentos y me gusta idealizarlos, como los mejores de mi vida. Está claro que ahora mismo, ella y yo, somos muy diferentes a los que fuimos en aquella época, pero la sensación de querer cerrar un ciclo de vivencias frustradas aún me roba el aliento.

Sea como sea, estoy seguro que el primer amor deja una huella muy marcada, tal vez la más firme de todas. Éste día de San Vanlentín lo pasé solo, y eso nunca ha sido un problema realmente, de hecho tampoco lo fué éste último, hasta que recordé a aquella niña que me miraba como si fuera lo último que verían sus ojos y de la que solo me bastaba obtener un beso casi robado, o un abrazo apresurado para ser completamente feliz.

Aunque ya haya pasado el día comercial y sobrevalorado del amor creo que el tema siempre es actual.  Asi que dime, tu primer amor ¿cómo fue?

Vértigo

Enero 7, 2009

El dia empezó como cualquier otro: horrible. Los trazos de amargura que dibujaban las nubes en el cielo se acentuaron conforme el día maduraba. No logré escuchar las canciones que el viejo radio del carro programaba en su afán de arrancarme una sonrisa. Nada nuevo hubo en el trabajo: cartas, papeles, gráficas, estadísticas, informes… Lo de siempre, nada que logre entusiasmarme, nada que me haga abrir los ojos más allá de lo necesario para vivir monótonamente. A través de la ventana me percaté que el sol ganaba la batalla contra la lluvia y se posicionaba de forma tal que los melancólicos debieron alegrarse al menos por un rato. El entusiasmo que se respiraba en el ambiente era tan espeso que me incomodaba sobremanera. Éstas fiestas de fin de año nunca han tenido sentido: regalos, encuentros, abrazos… “Hipocresía decembrina” la llaman los expertos. Nada de ésto tendría sentido en otra época del año. No importa, logro adaptarme a veces y por ratos pareciera que de veras me divierto. Caigo en la cuenta que el día había llegado a la mitad cuand0 mi estómago lanzó un rugido estruendoso, casi lastimero. En el camino de regreso a casa las calles me parecieron más llenas de compradores apresurados y de señoras sonrientes que en días pasados, la lluvia había dado una tregua y aunque las nubes estaban presentes el sol lograba bañar de luz el asfalto húmedo. ¿Es acaso que nadie sabe apreciar los días nublados y la lluvia incesante? Podría vivir bajo la lluvia… Con la mente en blanco di la última vuelta antes de llegar a casa cuando tu perfil, moviéndose con toda delicadeza, enmarcado por unas líneas irregulares del color de mi estado de ánimo, me asaltó a mansalva. Y fue justo en ese momento, en ese mismo instante, en ese lugar casi mecánico para el mundo entero, en ese escaso segundo, donde supe que la vida, o al menos la que yo vivía, podía ser más que luces a medias y sombras por doquier, y contener más emociones que las que he experimentado, y gozar de más colores que los dos con los que he visto todo desde hace ya muchos años, y pude atisbar como los zurcos de mi cara se acentuaban para formar lo más parecido a una sonrisa al mismo tiempo que mi caja torácica se estremecía con la fuerza descomunal de un vértigo que me tomó completamente por sorpresa. Aceleré el paso para poder disfrutar un poco más de esa vista, pero ya no estabas… Y no pude controlar mis emociones en un largo rato: disfruté de todas las cosas que me sucedieron el resto de la tarde y la noche entera.

No sé cuánto tiempo pase para volver a verte. Tal vez eso no pase nunca. Pero qué reconfortante fue darme cuenta que estoy vivo y que aún hay caminos por recorrer que esperan pacientemente ser descubiertos antes de nuestro encuentro, el último.

Pared escalonada.

Septiembre 15, 2008

Mi lugar favorito.

El cielo está escarpado, gotas de tristeza caen sobre mis hombros. El día está en un punto en que si no se tienen los pies bien puestos sobre la tierra no se sabe si amanece o está por anochecer. Anochece. La nostalgia que da el ambiente no da para ponerse a llorar. Me hace imaginar Macondo y la lluvia interminable, no puedo evitar sonreir al recordarlo, he estado ahí, hoy mismo estuve ahí. Recorro las calles de mi pueblo que se me antojan extrañas, pero no lo son, más bien me entretengo suponiendo que estoy en mi lugar favorito. El aroma del café me devuelve a la realidad. Preparo las cosas, nada entra en ésta maleta vieja, es que con tantas historias ya casi no queda espacio. Espero que el camión comience a moverse para acomodarme en mi asiento. Miro la ventana. Caigo en la cuenta que no podré observar las estrellas antes de dormir. El clima está haciendo de las suyas. Las nubes me gustan de día, he perdido la noción del tiempo al intentar descubrir figuras en ellas. De noche las estrellas me cuentan historias para arrullarme. Hoy, pienso, me dormiré sin su murmullo.  Es tan fácil que el viento se lleve las nubes a otro lugar y ruego para mis adentros que ésto suceda. La lluvia se torna agresiva. Antes de resignarme por completo, recuerdo a una estrella con la que he creado cierta comunión. Amable, pero firmemente le pido se asome. El cielo había dispuesto ya un espacio para ella y la lluvia se detuvo por unos segundos. Ella tal vez se asomó, pero esa pared escalonada me impidió verla. Sonrío. Con los ojos cerrados imagino que está junto a mi y así logro conciliar el sueño. Faltan algunas horas para que amanezca. Me sobra tiempo para volver a la realidad.