Suficiente

Febrero 12, 2009

Estoy harto.

Empezaré de nuevo.

Nuestra muerte.

Febrero 1, 2009

Es cierto: aún puedo sentir las paredes que me han aprisionoado desde hace muchos, muchos días. Apenas he podido asomarme un par de veces por encima de la barda de putrefacta carne y gusanos latentes que me limita. Tengo en el centro de la muerte más palabras de las que puedo discernir. Nunca imaginé que la luz no sería menos dolorosa que la oscuridad que me aprisiona cada día. La luz de la noche es tan escasa que me deja cansado hasta la saciedad cuando hago uso de ella, como hoy, que su fuerza mueve mis manos invisiblemente. Sería menos infeliz si pudiera dejar de dormir para siempre y disfrutar de éste silencio sin la agonizante venganza, puntual, del terror de no volver del letargo inútil.

Mis huesos se formaron no de hueso, sino de recuerdos futuros que aún imagino vivir y la maleza espesa que los cubre no es carne, sino vidas pasadas en que no apareciste. Y tu voz se convirtió en mi piel cuando creí escucharla pronunciar mi nombre, y las yemas de mis dedos tan solo son la humedad de nuestros cuerpos desnudos, calcinados, vírgenes el uno del otro. Y mis ojos son tu mirada. Y mis labios tus besos. Y el soplo que me dio vida es el agua fría que nos unió para siempre.

¿Cuándo me recogerás de la esquina de la sala de mi casa en donde me dejaste? ¿Cuándo llorarás pidiéndome valentía? ¿Cuándo dejaré de buscarte en medio de piernas que no son tuyas? ¿Cuándo vendrás a estrechar mi piel hasta explotarme? ¿Cuándo tus pétalos se abrirán para ofrecerme el olor de la amargura que me niegas? ¿Cuándo mis manos recorrerán tus caminos? ¿Cuándo le pedirás a mis brazos que se entrelacen en tu espalda, vacía de mi?

No sé qué soy ni para qué me ayudaste a nacer pero no pienso dejar de existir aunque hoy se cumplan dos mil quinientas cincuenta y cinco noches de nuestra muerte, y duela.