Esa noche.

Octubre 9, 2008

¿Recuerdas la noche que te elegí mi hermano? Esa, como en tantas otras me sentía miserable y no pude más que sentarme al pie de mi cama y perder la visión al compás de la lluvia, que llegó puntual, como siempre. La soledad acechaba mi casa y la arena cubría por completo las entradas de luz. Sin pretenderlo fui dejando caer pedazos de mi que yacían inertes por el piso. Nunca, como ésa noche, las paredes de mi cuarto se han alejado tanto y me han vuelto a dejar tan solo, en medio de la nada, desnudo, con los ojos secos, con la mirada fija, como de muerto, con el dolor abrazándome cual si fuera su hijo y con la luna mirándome avergonzada. ¿Lo recuerdas? Casi no escuchaba tu voz ni podía verte, la oscuridad del agua no me dejaba ver nada. Rezabas conmigo para que la agonía terminara pronto y tenías todo listo para el desenlace final. Esa noche morí por segunda vez y velamos mis restos durante muchos meses. Me reconstruí de a poco, lentamente, como se reconstruye la vida. Y viví. Ésa fue la segunda vez. Espero con ansias que se repita el ciclo.

La calma de ésta madrugada me da miedo y el sonido del viento trae voces de mi pasado. No quiero llorar, solo quiero sentir la pesadez de mis párpados cubrir mis ojos.