Contigo
Septiembre 12, 2009
Quiero decir que me gustan las cosas simples y sencillas. No me gustan los grandes acontecimientos ni las grandes salas llenas de gente desconocida en eventos que no tienen trascendencia.
Me gusta el pollo, por ejemplo, en lugar del pavo o del cordero. O prefiero una gelatina en vez de un postre más elaborado. Prefiero las cosas simples como tus cejas despobladas o tu cabello en la cara.
Cualquier tipo de música me gusta. Y prefiero mirar un atardecer que pasarlo en el cine. Prefiero degustar un chocolate caliente sentado frente al quiosco en el parque central de San Cristobal que destrozarme los oídos en algún “antro” de sus alrededores.
Me encanta ir siempre al mismo café en vez de estar buscando los lugares de moda para alardear. Me gusta hacer café y me gusta tomarlo en una taza gigante.
Pronto comenzaré a envejecer sin parar y si hay algo que me gustarìa recibir de ti en ese (como en los otros) días es tiempo. Algo tan simple de y tan sencillo de pedir y tan extraño. El tiempo es simple, nosotros lo complicamos. Dame tiempo, contigo.
Solo
Octubre 20, 2008

Abre ya, la puerta.
¿Por qué la noche no cambia su papel con el día? En la noche las cosas son como debieran ser siempre: aquí estás, a mi lado, con tu interminable sueño y tu cabello moviéndose al compás de tu respiración. En un par de horas estaré nuevamente sobre el asfalto de la fría carretera invitándome a recordar lo que no existe, lo que nunca fue. Inventar recuerdos es una práctica a la que pocas veces recurro, me he creído alguno y cuando la realidad me habla y me desmiente, me hace sentir apenado conmigo mismo, me ridiculiza. Hoy no quiero inventarme recuerdos, no quiero pensar mientras viajo que te dejé aquí, en ésta cama que tampoco es mía y no quiero recordar que el sonido de la puerta que cerré al salir a la calle te hizo despertar y correr para darme un último abrazo. Junto a mi no hay nada, ni un pedazo de cama sobra, ni los papeles regados que veo están aquí. No sé exactamente dónde estás, si estás durmiendo como no lo hago yo, yéndote apenas a la cama, terminando aquél ensayo, comprándote un nuevo par de zapatos o comiendo. No sé si es de día o de noche allí, donde estás. ¿Piensas en mi de vez en cuando? ¿Esperas con ansias verme? No sé siquiera si naciste ya de nuevo, como yo, que aún no lo hago. Nuestro encuentro es inevitable. Quiero de una vez por todas dejar de lado esa maldita práctica de inventar recuerdos (¿venden vidas en Oxxo?). Nuevamente el sonido del aire lleva voces de dolor y desesperanza, qué bueno que hoy sí tuve la fuerza para cerrar la ventana.
Ya quiero tenerte aquí, a mi lado, con tu interminable sueño y tu cabello moviéndose al compás de tu respiración.