Pared escalonada.
Septiembre 15, 2008

El cielo está escarpado, gotas de tristeza caen sobre mis hombros. El día está en un punto en que si no se tienen los pies bien puestos sobre la tierra no se sabe si amanece o está por anochecer. Anochece. La nostalgia que da el ambiente no da para ponerse a llorar. Me hace imaginar Macondo y la lluvia interminable, no puedo evitar sonreir al recordarlo, he estado ahí, hoy mismo estuve ahí. Recorro las calles de mi pueblo que se me antojan extrañas, pero no lo son, más bien me entretengo suponiendo que estoy en mi lugar favorito. El aroma del café me devuelve a la realidad. Preparo las cosas, nada entra en ésta maleta vieja, es que con tantas historias ya casi no queda espacio. Espero que el camión comience a moverse para acomodarme en mi asiento. Miro la ventana. Caigo en la cuenta que no podré observar las estrellas antes de dormir. El clima está haciendo de las suyas. Las nubes me gustan de día, he perdido la noción del tiempo al intentar descubrir figuras en ellas. De noche las estrellas me cuentan historias para arrullarme. Hoy, pienso, me dormiré sin su murmullo. Es tan fácil que el viento se lleve las nubes a otro lugar y ruego para mis adentros que ésto suceda. La lluvia se torna agresiva. Antes de resignarme por completo, recuerdo a una estrella con la que he creado cierta comunión. Amable, pero firmemente le pido se asome. El cielo había dispuesto ya un espacio para ella y la lluvia se detuvo por unos segundos. Ella tal vez se asomó, pero esa pared escalonada me impidió verla. Sonrío. Con los ojos cerrados imagino que está junto a mi y así logro conciliar el sueño. Faltan algunas horas para que amanezca. Me sobra tiempo para volver a la realidad.
La muerte anda merodeando.
Septiembre 2, 2008

Busca por todas partes.
Ayer me dormí con la noticia trágica de que mi maestra de música en la secundaria había fallecido. Y me pone triste, no porque precisamente haya sido la mejor maestra que haya tenido, no porque era la más linda (de hecho era todo lo contrario), no porque era la más querida, es porque le sentía especial aprecio. La conocí desde siempre, fue amiga de mis papás en su época de mocedades y ella tuvo siempre un trato especial conmigo en esa etapa que para todos es por demás estresante.
Era una persona con un carácter apabullante, grosero, pero yo podía leer entre líneas su infelicidad, sus pocas ganas de vivir, su frustración hacia nosequé, la admiraba mucho, sabía mucho, y lo valoraba (ella misma) tan poco. Espero que hoy, donde quiera que esté, haya encontrado la paz que nunca tuvo en vida.