Hasta la Vida

Junio 8, 2009

  

Es tan rápido ésto de vivir que ni debería ser cosa seria. Es tan divertido saberse vivo y preocuparse por vanalidades sin sentido, nada más serio que la vida misma, nada más divertido que la no muerte.

   Una tarde llena de cafeína y de planes tirados a la basura ha de ser de las cosas más deliciosas: palabrería absurda que hace creerme dueño del tiempo y del futuro, me convierto en un dios de la verdad y la justicia absoluta  sin pensar que Tus planes han de ser otros para mi y para ella, por supuesto. Nunca más muerto que creyendome vivo al sentir tu caricia con solo cerrar los ojos.

   Quiero, no puedo. Debo, no puedo. Puedo, no será. Una máscara tras otra: culpa mutilada de sangre al morderme la lengua, manos internas que apretan los torrenciales a tope, nudos que se agolpan en mi garganta deteniendo mi respiración por más tiempo del que puedo tolerar.

   Todo cambia abruptamente sin que la calma sea interrumpida, la vida es muerte diariamente y es Vida cuando termina por fin. La tuya será Vida si así lo quieres, quiero que lo quieras, decídelo ahora que hay sol porque cuando explotes en la oscuridad amarga no podrás volver.

   Ayer no importa, importa el exactamente ahorita que se me deshace la mano a causa de éste chocolate caliente, importa ésta plática y la luz que me da de frente, pero más importa tu sonrisa casi triste, tan pobre que no alcanza para llegarte a los ojos.

   Somos y no dejaremos de serlo hasta la muerte, hasta la Vida.

   Estaré ahí porque ahí estarás.

Complacida, saciada.

Marzo 16, 2009

El cielo casi estrellado parece una invitación a soñar despierto. El frío de ésta noche cala los huesos. Los únicos sonidos que alcanzo escuchar son los automóviles que pasan frente al balcón donde me encuentro y los grillos que siempre han de estar presentes en mis noches de desasosiego como ésta. Detrás de mi, la muerte, complacida, saciada, se pasea en medio de nuestro dolor. Todo fue tan de repente:

Seis de la tarde de ayer:

- Están por salir, el viaje será largo pero valdrá la pena, ¡qué alegría! ¡La familia por fin se reconciliará, volverá a estar unida!

- Así es, gracias a Dios que las cosas están tomando su cauce.

Ocho de la mañana de hoy:

- ¿Cómo? ¡Dios mío! ¿Cómo fue? ¿Qué pasó?

- …Qué dolor, qué tragedia (sollozos). ¡Fue inevitable, completamente inesperado! Fue ayer, a las seis de la tarde, íbamos saliendo de la ciudad (sollozos, casi gritos). ¡Todo estaba bien! ¿Por qué, por qué ellas dos? ¿Por qué las dos?

Son las ocho de la noche de hoy y la familia ciertamente está unida, como hace muchos años no lo estaba, tal vez como nunca, pero las condiciones son distintas a las esperadas apenas hace unas horas. No hay risas ni grandes conversaciones y los abrazos no han sido de satisfacción y las lágrimas no han sido de alegría. El silencio reina en toda la habitación y aquí en el balcón estoy solo, pensando en la fragilidad de la vida y en la plenitud de la muerte, recordándolas vivas, como siempre estarán en mi memoria y pidiéndole a Dios, si es que aún quiere escucharme, que nos de paz a todos y que el trago amargo pase pronto para él y para ellos, que se despiden de ellas con recuerdos escapándoseles por los ojos e intentando encontrarle un nuevo sentido a la vida.

La muerte a veces es un pretexto para dejar de recordar.

Nuestra muerte.

Febrero 1, 2009

Es cierto: aún puedo sentir las paredes que me han aprisionoado desde hace muchos, muchos días. Apenas he podido asomarme un par de veces por encima de la barda de putrefacta carne y gusanos latentes que me limita. Tengo en el centro de la muerte más palabras de las que puedo discernir. Nunca imaginé que la luz no sería menos dolorosa que la oscuridad que me aprisiona cada día. La luz de la noche es tan escasa que me deja cansado hasta la saciedad cuando hago uso de ella, como hoy, que su fuerza mueve mis manos invisiblemente. Sería menos infeliz si pudiera dejar de dormir para siempre y disfrutar de éste silencio sin la agonizante venganza, puntual, del terror de no volver del letargo inútil.

Mis huesos se formaron no de hueso, sino de recuerdos futuros que aún imagino vivir y la maleza espesa que los cubre no es carne, sino vidas pasadas en que no apareciste. Y tu voz se convirtió en mi piel cuando creí escucharla pronunciar mi nombre, y las yemas de mis dedos tan solo son la humedad de nuestros cuerpos desnudos, calcinados, vírgenes el uno del otro. Y mis ojos son tu mirada. Y mis labios tus besos. Y el soplo que me dio vida es el agua fría que nos unió para siempre.

¿Cuándo me recogerás de la esquina de la sala de mi casa en donde me dejaste? ¿Cuándo llorarás pidiéndome valentía? ¿Cuándo dejaré de buscarte en medio de piernas que no son tuyas? ¿Cuándo vendrás a estrechar mi piel hasta explotarme? ¿Cuándo tus pétalos se abrirán para ofrecerme el olor de la amargura que me niegas? ¿Cuándo mis manos recorrerán tus caminos? ¿Cuándo le pedirás a mis brazos que se entrelacen en tu espalda, vacía de mi?

No sé qué soy ni para qué me ayudaste a nacer pero no pienso dejar de existir aunque hoy se cumplan dos mil quinientas cincuenta y cinco noches de nuestra muerte, y duela.

Tranquilidad culposa.

Diciembre 2, 2008

Es como si el miedo a perderte no existiera. Me siento tranquilo, casi aburrido. Hace apenas un par de días imaginé, casi recordé tu partida: fugaz, inesperada, sin sentido, tan estúpida que solo conseguí ponerme a llorar como lo hace un niño, como hace mucho no lo hacía. No soporto ponerme vulnerable cuando ese virus intenta destruir mi sentido común. La tristeza me invadió por un par de días, recordé los episodios más tristes de mi vida en éste año: esa niña en San Cristóbal que convulsionaba de frío en los brazos desesperados de su madre, o la mirada triste, taciturna, casi vacía de esa indígena en Malpaso que volteó hacia el autobús en que yo viajaba y cuyas lágrimas nuevecitas parecían de quien se despide de sus esperanzas y anhelos menos probables. Y recordé tus manos acariciando mis pies y me puse a llorar con la seguridad de que el viernes pasado había sido la última vez que te había visto. Qué tontería. Hoy, que la Muerte quiere visitar mi calle, mi tranquilidad es incuestionable, no sé cómo he conseguido la estoicicidad y el cinismo con que puedo sentarme a leer mi único último libro del año.

  Todo pasa, decía el buen Heráclito, y yo no soy quién para osar interferir en Su voluntad. Quiero no estar frente a un espejismo y que la realidad no me caiga de golpe como suele caerme y destrozarme con el desdén de quien odia. Solo quiero terminar de leer mi libro y sentir la ternura de tus manos acariciando mis pies.

Un par de días.

Septiembre 26, 2008

El despertador sonó como todas las mañanas, la lucha de egos entre él y yo se tornó áspera, al final, como últimamente pasa, le gané la batalla y se me hizo tarde. Lástima, tan pocas cosas disfruto en la vida y el sueño siempre es un disfuncional conmigo. La brisa matutina, acompañada del compás del motor del camión sucio y moribundo en que me transporto evoca aquella noche en que llegaste con tu sonrisa malvada y me dijiste las palabras que se necesitan para hacer temblar las rodillas. ¿Es raro que una mañana traiga a la mente recuerdos de una noche? Si pudieras darte cuenta cómo por mis ojos han pasado ya los años. Camino por las calles abarrotadas de gente y de ofertas de todo tipo y me gusta el anonimato en que vivo inmerso, creo que no habría mejor paraiso que el de no concer a nadie. Me doy cuenta de las emociones que reflejan las personas y me divierte inventar diálogos para algunas situaciones. Sigo mi paso ennumerando las actividades que no realizaré y que dejaré para el siguiente día. Caigo en la cuenta de que es el último día de la semana y la muerte de un año. No me gusta que la gente se muera, pero tampoco me gusta que se mueran los años, aunque nunca se arrepienten de nada siempre te dejan un sabor pastoso en la boca y un llano triste y problemas sin resolver. Me gusta estar solo y a oscuras para respetar su memoria y me gusta que nadie me acompañe en mi dolor. Estaré en su lecho hasta su último suspiro y lo llevaré en mis brazos a su última morada. Solo quedan un par de días. Mis rodillas hoy están quietas, esperando encontrar el camino que las haga moverse. Hoy nadie me sonreirá con la alegría de la muerte.

La muerte anda merodeando.

Septiembre 2, 2008

Busca por todas partes.

Busca por todas partes.

   Ayer me dormí con la noticia trágica de que mi maestra de música en la secundaria había fallecido. Y me pone triste, no porque precisamente haya sido la mejor maestra que haya tenido, no porque era la más linda (de hecho era todo lo contrario), no porque era la más querida, es porque le sentía especial aprecio. La conocí desde siempre, fue amiga de mis papás en su época de mocedades y ella tuvo siempre un trato especial conmigo en esa etapa que para todos es por demás estresante.

   Era una persona con un carácter apabullante, grosero, pero yo podía leer entre líneas su infelicidad, sus pocas ganas de vivir, su frustración hacia nosequé, la admiraba mucho, sabía mucho, y lo valoraba (ella misma) tan poco. Espero que hoy, donde quiera que esté, haya encontrado la paz que nunca tuvo en vida.