Con solo cerrar los ojos
Agosto 2, 2009

¿Alguna vez han llorado por la pérdida de algo de inmenso valor sentimental?
Hace dos fines de semana fui a casa de mis papás a visitarlos como normalmente lo hago. Y bajè al patio trasero a ver dos plantas que hace muchos años me regaló una persona muy especial para mi que ya no está entre nosotros. Mi sorpresa fue que el recipiente donde se encontraba una de ellas estaba volteado, lavado, sin señas de que hubiera contenido algo nunca y se me escaparon las de cocodrilo, realmente sentí mucha tristeza y me sentí culpable porque aunque no soy muy devoto de las plantas desde hace unos meses me había propuesto estar al pendiente de ellas cada vez que estuviera cerca. Ciertamente hacía varias semanas que se estaba debilitando mucho y supuse que había muerto definitivamente y mi mamá había desocupado el macetero.
Una de las plantas llegó a mi casa como un regalo, para que lo tomara como reto para no dejarla morir. Ciertamente augantó muchas cosas, varias veces estuvo a punto de morir y las mismas supo reponerse. La segunda (la del recipiente vacío) la rescatamos de una banqueta, ahi nació, alguien tuvo que haberla sembrado, pero por la ubicación que tenía era muy factible que no sobreviviera mucho tiempo, así que decidimos adoptarla y cuidarla. Cuando vi que ya no estaba me dio mucha tristeza porque era un ser vivo con el que me comprometí y al que no le había cumplido. Demás está decir que su muerte también significaba la ruptura de una de las últimas fibras que aún me unen con aquella mujer.
Después de largo rato de tener entre mis manos el traste vacío y pensando y recordando viejos tiempos mi mamá se acercó y sin darse cuenta de lo que me ocurría me dijo: “La planta la coloqué en otro macetero, mírala, qué linda está, cómo se ha repuesto”. Me alegré inmensamente y sonreí complacido al mirarla viva y mejorando.
Recordar tantas cosas hizo darme cuenta que el tiempo ha pasado con demasiada rapidez y cuán cercanas están las personas con sólo cerrar los ojos.
Lo fácil, lo difícil
Mayo 26, 2009

Es tan fácil andar lo andado. Voltear hacia atrás y divisar entre la maleza y las ruinas aquel claro que sólo me ofreció paz y guerra y felicidad y dolor: vida.
Derribar con ambas manos las telarañas que se formaron tras mi paso y reconocer con las plantas de mis pies desnudos la firmeza y comodidad del recién (una vez más, otra) descubierto camino hacia el centro de nuestras almas es verdaderamente fácil.
Se asemeja, ésta facilidad, a cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás en el justo momento en que las gotas de lluvia empiezan a llenar el ambiente; o a simplemente disfrutar por un rato del olor de la tierra mojada que la misma lluvia produce al caer.
Es tan fácil, también, verte a lo lejos, desandar tu propio camino, reconocer tu propio claro, tu remanso de infinita satisfacción, tu vida, tu centro de la tierra: yo.
Qué fácil la luna, qué fácil la noche.
Qué fácil y qué divertido es jugar el eterno jugo del cazador y la presa, reconociéndonos al sabernos tan cerca.
Qué fácil encajan las piezas de éste rompecabezas permanente (nunca permanente) incompleto cuando te quiero aquí y desapareces, cuando me necesitas justo en el medio exacto de tu cuerpo y yo, simplemente no existo.
Qué fácil te lleno con la vida que produces con tu sola presencia acompasada, parsimoniosa al extremo de confundirse en una serie de fotografías sucediéndose: la siguiente mejor que la anterior.
Qué fácil me recibes, como si desde antes de nacer te hubieran destinado a aferrárteme como quien se aferra a la vida, a una vida irremediablemente destinada a la muerte temprana.
Lo difícil viene justo después, la mañana siguiente en que el sol ilumina con verdadera rudeza la única verdad que ha existido entre tu piel y mi piel: nada.
Lo difícil es darse cuenta que el prado encantado ha vuelto a ser ruinas y que, como dice Hemingway, las cosas de la noche no pueden decirse ni verse de la misma manera a la luz del día, la noche siempre guarda mejores cosas y tú definitivamente estás conmigo menos aún de lo que no estás en el día.
Lo verdaderamente difícil es despertar y encontrarme como siempre he estado desde tu muerte primera: sólo, con un par de recuerdos que logran arrancarme una sonrisa amarga.
Lo increíblemente dificil ha de ser despertar enmedio de caricias vacías y sentimientos a medias, y roles que te convierten en la antítesis del dueño de la luna.
Lo único difícil será no voltear una vez más, para caminar en círculos.
Solo
Octubre 20, 2008

Abre ya, la puerta.
¿Por qué la noche no cambia su papel con el día? En la noche las cosas son como debieran ser siempre: aquí estás, a mi lado, con tu interminable sueño y tu cabello moviéndose al compás de tu respiración. En un par de horas estaré nuevamente sobre el asfalto de la fría carretera invitándome a recordar lo que no existe, lo que nunca fue. Inventar recuerdos es una práctica a la que pocas veces recurro, me he creído alguno y cuando la realidad me habla y me desmiente, me hace sentir apenado conmigo mismo, me ridiculiza. Hoy no quiero inventarme recuerdos, no quiero pensar mientras viajo que te dejé aquí, en ésta cama que tampoco es mía y no quiero recordar que el sonido de la puerta que cerré al salir a la calle te hizo despertar y correr para darme un último abrazo. Junto a mi no hay nada, ni un pedazo de cama sobra, ni los papeles regados que veo están aquí. No sé exactamente dónde estás, si estás durmiendo como no lo hago yo, yéndote apenas a la cama, terminando aquél ensayo, comprándote un nuevo par de zapatos o comiendo. No sé si es de día o de noche allí, donde estás. ¿Piensas en mi de vez en cuando? ¿Esperas con ansias verme? No sé siquiera si naciste ya de nuevo, como yo, que aún no lo hago. Nuestro encuentro es inevitable. Quiero de una vez por todas dejar de lado esa maldita práctica de inventar recuerdos (¿venden vidas en Oxxo?). Nuevamente el sonido del aire lleva voces de dolor y desesperanza, qué bueno que hoy sí tuve la fuerza para cerrar la ventana.
Ya quiero tenerte aquí, a mi lado, con tu interminable sueño y tu cabello moviéndose al compás de tu respiración.