De ti
Abril 15, 2009

Es la delgada línea de tus hombros que vi en mis sueños hace unas noches.
Es la suavidad de tu piel y su color, dorado, como el atardecer.
Es tu mirada llena de oscuridad aletargada que desnuda, que destruye.
Es tu voz de sirena que aún me invita a perderme en ti.
Es aquel beso limpio, afuera de ese viejo café que inundamos de amor.
Es el toque de tus manos, temblorosas, húmedas, desesperadas por no soltarme nunca.
Es el color transparente de tus lágrimas derramadas sin sentido aquella tarde que debió ser eterna.
Es el dulce olor que despide tu cabello, y el poder que tiene para quemarnos.
Es el sabor amargo que llega desde mis ojos llenos de verde y beige y negro y nada.
Es ésta noche de luna llena y de imágenes nítidas que se suceden una a la otra como en un carrusel.
Y son estas grandes, inmensas ganas de olvidarte las que me hacen recordarte con más fuerza que ayer y que antier y que hace dos meses.
Quiero dormir una semana completa para que mis ojos descansen de ti.
Complacida, saciada.
Marzo 16, 2009
El cielo casi estrellado parece una invitación a soñar despierto. El frío de ésta noche cala los huesos. Los únicos sonidos que alcanzo escuchar son los automóviles que pasan frente al balcón donde me encuentro y los grillos que siempre han de estar presentes en mis noches de desasosiego como ésta. Detrás de mi, la muerte, complacida, saciada, se pasea en medio de nuestro dolor. Todo fue tan de repente:
Seis de la tarde de ayer:
- Están por salir, el viaje será largo pero valdrá la pena, ¡qué alegría! ¡La familia por fin se reconciliará, volverá a estar unida!
- Así es, gracias a Dios que las cosas están tomando su cauce.
Ocho de la mañana de hoy:
- ¿Cómo? ¡Dios mío! ¿Cómo fue? ¿Qué pasó?
- …Qué dolor, qué tragedia (sollozos). ¡Fue inevitable, completamente inesperado! Fue ayer, a las seis de la tarde, íbamos saliendo de la ciudad (sollozos, casi gritos). ¡Todo estaba bien! ¿Por qué, por qué ellas dos? ¿Por qué las dos?
Son las ocho de la noche de hoy y la familia ciertamente está unida, como hace muchos años no lo estaba, tal vez como nunca, pero las condiciones son distintas a las esperadas apenas hace unas horas. No hay risas ni grandes conversaciones y los abrazos no han sido de satisfacción y las lágrimas no han sido de alegría. El silencio reina en toda la habitación y aquí en el balcón estoy solo, pensando en la fragilidad de la vida y en la plenitud de la muerte, recordándolas vivas, como siempre estarán en mi memoria y pidiéndole a Dios, si es que aún quiere escucharme, que nos de paz a todos y que el trago amargo pase pronto para él y para ellos, que se despiden de ellas con recuerdos escapándoseles por los ojos e intentando encontrarle un nuevo sentido a la vida.
La muerte a veces es un pretexto para dejar de recordar.
Mi primer amor
Febrero 17, 2009
Estaba cenando tranquilamente la noche del 14 de éste mes cuando un amigo, de unos 15 años más o menos, me pidió que lo llevara a dejarle un regalo a su noviecilla a propósito del día del amor. No entendía por qué necesitaba compañía, sin embargo accedí. En el camino me confesó que le daba pena caminar por la calle con una caja de cartón llena de motivos románticos llenándole las manos. Me dio mucha risa la situación pues al menos a mi, a esa edad me pasaba lo mismo. Durante el corto viaje los nervios de mi amigo se acrecentaban conforme nos acercábamos a la casa de la susodicha. Finalmete llegamos, se bajó del coche y tocó la puerta con una mano mientras con la otra sostenía la caja con más pena que emoción. Ella abrió la puerta con una sonrisa marca Miprimeramor y más emocionada que sorprendida extendió los brazos para recibir el regalo y ponerlo en la mesita del recibidor sin dejar de mirar a los ojos al visitante. Un par de minutos duró el encuentro: un beso casi invisible y apenado para saludarse, un abrazo del tamaño de un suspiro, manos entrelazadas mientras cruzaban media docena de palabras, un beso final menos pudoroso, otro abrazo y al separarse un intercambio de miradas muy distintas a las del recibimiento, ahora más bien parecían de tristeza, de dolor, de resignación.
Durante la plática de regreso pude percatarme que las cosas no marchaban del todo bien. En resumidas cuentas la posición económica jugaba un papel estúpidamente preponderante en la relación. Sí, ella vive acomodadamente y él es común, simple, normal. Deben verse a escondidas, a ratos porque la familia rica no aprueba la mezcla con la familia pobre. Diferencia estúpida de clases. Diferencia que a veces en otras circunstancias, sobrevalora alguno de los dos.
Y pude ver reflejado mi primer amor en la historia que estaba viendo desde primera fila. Guardando las diferencias, también el dinero jugó su parte, los papás de ella nunca me aprobaron por creerme inferior y porque la niña merecía a alguien de mayor clase. Aún así, luchamos por un tiempo: encuentros furtivos, besos más bien robados, miradas cómplices, abrazos que se anojaban interminables… Pero como atinádamente dice el Divo de Juárez, la constumbre pudo más que el amor y la separación llegó inevitablemente, como el día siguiente, como la siguiente noche. A veces me acuerdo de esos momentos y me gusta idealizarlos, como los mejores de mi vida. Está claro que ahora mismo, ella y yo, somos muy diferentes a los que fuimos en aquella época, pero la sensación de querer cerrar un ciclo de vivencias frustradas aún me roba el aliento.
Sea como sea, estoy seguro que el primer amor deja una huella muy marcada, tal vez la más firme de todas. Éste día de San Vanlentín lo pasé solo, y eso nunca ha sido un problema realmente, de hecho tampoco lo fué éste último, hasta que recordé a aquella niña que me miraba como si fuera lo último que verían sus ojos y de la que solo me bastaba obtener un beso casi robado, o un abrazo apresurado para ser completamente feliz.
Aunque ya haya pasado el día comercial y sobrevalorado del amor creo que el tema siempre es actual. Asi que dime, tu primer amor ¿cómo fue?
Nuestra muerte.
Febrero 1, 2009
Es cierto: aún puedo sentir las paredes que me han aprisionoado desde hace muchos, muchos días. Apenas he podido asomarme un par de veces por encima de la barda de putrefacta carne y gusanos latentes que me limita. Tengo en el centro de la muerte más palabras de las que puedo discernir. Nunca imaginé que la luz no sería menos dolorosa que la oscuridad que me aprisiona cada día. La luz de la noche es tan escasa que me deja cansado hasta la saciedad cuando hago uso de ella, como hoy, que su fuerza mueve mis manos invisiblemente. Sería menos infeliz si pudiera dejar de dormir para siempre y disfrutar de éste silencio sin la agonizante venganza, puntual, del terror de no volver del letargo inútil.
Mis huesos se formaron no de hueso, sino de recuerdos futuros que aún imagino vivir y la maleza espesa que los cubre no es carne, sino vidas pasadas en que no apareciste. Y tu voz se convirtió en mi piel cuando creí escucharla pronunciar mi nombre, y las yemas de mis dedos tan solo son la humedad de nuestros cuerpos desnudos, calcinados, vírgenes el uno del otro. Y mis ojos son tu mirada. Y mis labios tus besos. Y el soplo que me dio vida es el agua fría que nos unió para siempre.
¿Cuándo me recogerás de la esquina de la sala de mi casa en donde me dejaste? ¿Cuándo llorarás pidiéndome valentía? ¿Cuándo dejaré de buscarte en medio de piernas que no son tuyas? ¿Cuándo vendrás a estrechar mi piel hasta explotarme? ¿Cuándo tus pétalos se abrirán para ofrecerme el olor de la amargura que me niegas? ¿Cuándo mis manos recorrerán tus caminos? ¿Cuándo le pedirás a mis brazos que se entrelacen en tu espalda, vacía de mi?
No sé qué soy ni para qué me ayudaste a nacer pero no pienso dejar de existir aunque hoy se cumplan dos mil quinientas cincuenta y cinco noches de nuestra muerte, y duela.
Miedo repentino
Octubre 16, 2008

¿Es acaso que ésta cama tiene hormigas? Desde ayer intento conciliar el sueño y no paro de moverme. El televisor está a todo volumen y el frío de ésta habitación me impide levantarme a cerrar la ventana que me habla de historias de horror. Hacía ya un buen tiempo que frotar un pie contra el otro no fallaba como somnífero irremediable. Quisiera que esta fatiga no me venciera de una vez por todas. Días soleados consecutivos se han hecho presentes, el sol no ha cedido aún cuando ya no vea más ese nombre coloreado de verde. Pocas veces he tenido miedo. Cuando la hojas de ese libro quisieron herirme logré escabullirme por entre las plantaciones de maíz, cuando los náufragos vagabundos quisieron hacerme daño logré vencerlos, a todos (nada más falso que la muerte de un náufrago). Pero ayer, por la mañana, cuando asomado por la ventana descubrí a esa nube acechando mi casa, sentí como lentamente, el miedo se fue apoderando de cada una de mis venas, de a poco, mis movimientos se fueron volviendo torpes, mis manos comenzaron a temblar nerviosamente y me quedé petrificado al intentar emitir un grito de auxilio. Es una sensación agria la que te deja. Las nubes deberían ser inexistentes.
Mis días soleados están amenazados, hoy mismo no puedo conciliar el sueño y cerrar la ventana tratando de estar alerta, intentando no ser sorprendido por su sonrisa (de noche acechan sigilosamente y su ataque dura más que a la luz del día). Ésta cama llena de hormigas me ayuda a mantenerme despierto. Me niego rotundamente a perder el sol. Me niego medianamente a olvidar el dulce sabor de tu mala cara.
… Con la luna de plata.
Septiembre 10, 2008

... Tendré que volver.
Así es, desde hace dos noches me encuentro en el maravilloso puerto de Veracruz, una ciudad increíble, tan antigua como moderna, tan romántica como frívola. Hace cinco años vine por primera vez en la nueva etapa de mi vida (¿adulto?). Tantos recuerdos se agolpan, tantas emociones convergen en sentimientos encontrados. El puerto siempre será un lugar de paz al que podré acudir cuantas veces sea necesario (alguna vez me autonombré lugar de paz y descubrí que al final fui una simple pausa.) Todas las noches de ésta semana amaré mi trabajo más que nunca, más que hace un año cuando mi vida estaba en clara tensión.
Hoy que las aguas se han calmado y claramente puedo ver el futuro, disfruto de una manera distinta la ciudad, camino por el malecón con una paz increíble, memorizo nuevamente cada detalle, obtengo nuevos recuerdos, una felicidad distinta embarga mi ser y al son de Veracruz del maestro Lara, es indescriptible descubrir cuánto me gusta la ciudad, y cuán orgulloso me hace sentir ser veracruzano.