A ésta hora

Septiembre 7, 2009

GnadeMichael-Mujerdeespaldas-

Me gusta ésta hora de la noche porque siempre creo que saldré a la calle con rumbo desconocido y te encontraré en la última esquina que doble. Te veré llegar con tu piel centellante, con tus ojos enormes llenos de mi y con tu sonrisa maldita disfrazada de timidez.

Me gusta estar solo aqui, pensándote, sabiéndote mía y sabiéndote de todos y de nadie.

No sé. No sé nada.  No sé, sólo no sé. Quiero olvidar la realidad falsa que me mantiene despierto. Quiero todo, quiero nada. Eres de cualquiera y eres solo mía. Sólo mis ojos se posan en tu piel cada vez que cierras los ojos. Sólo mi mirada lasciva y mis besos de odio sientes cuando cierras los ojos estando con ellos, estando con nadie.

Te quiero aqui para maldecirte y para aborrecerte y destruirte completamente. Para despedazar tu corazón, tu cuerpo entero, el alma, tu alma que ya es mía y construirte nuevamente para retenerte un poco más que esos segundos que me dedicas cada día.

Volverás. Y seremos tan infelices como nunca lo hemos sido, y seré lo que tú digas y serás lo que a mi me plazca. Volverás para terminar lo que empezamos: mi muerte. Y moriremos en el lecho que cada noche te espera para tragarte y castigarte.

No creas, no me creas nada. Me siento feliz a ésta hora. Ya quiero salir a la calle para encontrarte, como diaramente no lo hago.

Solo

Octubre 20, 2008

Abre ya la puerta.

Abre ya, la puerta.

¿Por qué la noche no cambia su papel con el día? En la noche las cosas son como debieran ser siempre: aquí estás, a mi lado, con tu interminable sueño y tu cabello moviéndose al compás de tu respiración. En un par de horas estaré nuevamente sobre el asfalto de la fría carretera invitándome a recordar lo que no existe, lo que nunca fue. Inventar recuerdos es una práctica a la que pocas veces recurro, me he creído alguno y cuando la realidad me habla y me desmiente, me hace sentir apenado conmigo mismo, me ridiculiza. Hoy no quiero inventarme recuerdos, no quiero pensar mientras viajo que te dejé aquí, en ésta cama que tampoco es mía y no quiero recordar que el sonido de la puerta que cerré al salir a la calle te hizo despertar y correr para darme un último abrazo. Junto a mi no hay nada, ni un pedazo de cama sobra, ni los papeles regados que veo están aquí. No sé exactamente dónde estás, si estás durmiendo como no lo hago yo, yéndote apenas a la cama, terminando aquél ensayo, comprándote un nuevo par de zapatos o comiendo. No sé si es de día o de noche allí, donde estás. ¿Piensas en mi de vez en cuando? ¿Esperas con ansias verme? No sé siquiera si naciste ya de nuevo, como yo, que aún no lo hago. Nuestro encuentro es inevitable. Quiero de una vez por todas dejar de lado esa maldita práctica de inventar recuerdos (¿venden vidas en Oxxo?). Nuevamente el sonido del aire lleva voces de dolor y desesperanza, qué bueno que hoy sí tuve la fuerza para cerrar la ventana.

Ya quiero tenerte aquí, a mi lado, con tu interminable sueño y tu cabello moviéndose al compás de tu respiración.