A ésta hora
Septiembre 7, 2009

Me gusta ésta hora de la noche porque siempre creo que saldré a la calle con rumbo desconocido y te encontraré en la última esquina que doble. Te veré llegar con tu piel centellante, con tus ojos enormes llenos de mi y con tu sonrisa maldita disfrazada de timidez.
Me gusta estar solo aqui, pensándote, sabiéndote mía y sabiéndote de todos y de nadie.
No sé. No sé nada. No sé, sólo no sé. Quiero olvidar la realidad falsa que me mantiene despierto. Quiero todo, quiero nada. Eres de cualquiera y eres solo mía. Sólo mis ojos se posan en tu piel cada vez que cierras los ojos. Sólo mi mirada lasciva y mis besos de odio sientes cuando cierras los ojos estando con ellos, estando con nadie.
Te quiero aqui para maldecirte y para aborrecerte y destruirte completamente. Para despedazar tu corazón, tu cuerpo entero, el alma, tu alma que ya es mía y construirte nuevamente para retenerte un poco más que esos segundos que me dedicas cada día.
Volverás. Y seremos tan infelices como nunca lo hemos sido, y seré lo que tú digas y serás lo que a mi me plazca. Volverás para terminar lo que empezamos: mi muerte. Y moriremos en el lecho que cada noche te espera para tragarte y castigarte.
No creas, no me creas nada. Me siento feliz a ésta hora. Ya quiero salir a la calle para encontrarte, como diaramente no lo hago.
Tiempos
Diciembre 29, 2008

Los tiempos en que se fundamenta mi vida (quiero creer que la muchos más también) son tan inciertos como predecibles, sabemos todo de ellos y no sabemos nada, así de irónico. Siempre queremos que sean mejores y a veces casi hacemos hasta lo imposible para lograrlo. Andamos siempre en busca de la felicidad, esa ramera que solo nos deja probarla a ratos, tentándonos, para irse cada vez más lejos.
El pasado, es eso, pasado, y es inamovible, perpetuo. Aprendemos de él para mejorar (ojalá). Nos recuerda que existimos. Nos deja las experiencias del trago amargo que pasamos al cometer errores y la satisfacción que acarrean los aciertos. Nos invita a lugares cercanos, lejanos. A vivir lo vivido, a platicar, soñar, reír, llorar, a pelear con quien ya no está. Nos llama a oler ya probar nuevamente, a amar con pasión, a odiar con pasión. Nos hace comprender el por qué del presente, anhelar una meta, lograr un fin. El pasado es bueno, porque se quedó allá, atrás, mostrándonos en un gran biombo los caminos recorridos, que nos llevan a destinos buenos y malos. Nos muestra qué debemos hacer, pero sobre todo que no debemos hacer.
El presente es tonto e ilógico. Muchos hacemos lo que debemos y pocos, muy pocos, lo que queremos. Quisiéramos hacer y tener tantas cosas a la vez y con mucho esfuerzo podemos con unas cuántas. Nos estanca en una época de la que jamás escaparemos. Nos da a probar pincelazos de eternidad con quien está en turno. Nos hace vivir apresuradamente, sin descanso. Queremos asirnos de todo lo que vemos. Guardar para siempre en la memoria el hoy. Nos hace pensar que podemos levantarnos cuantas veces caigamos. Que nunca es tarde para empezar de nuevo. Él hace arrepentirnos de tantas y tantas cosas que marcan nuestras vidas para siempre, a repetir “Hubiera” infinidad de veces y a planear y desear lo que no existe, lo imposible. El presente dura lo que un parpadeo. No es más que una línea, un punto que se sabe existe, pero es invisible. El presente es bueno, porque nos hace recordar lo que fue y suponer lo que vendrá.
“No te jactes del día de mañana que porque no sabes lo que dará el día de sí”. El futuro es un “Castillo en el aire”. Sabemos de él, oímos su rumor pero nunca estaremos seguros de alcanzarlo. Es cambiante. Está lleno de éxitos, fracasos, celos, impotencia, envidia, y tantas cosas que nunca cesan de palpitar. Su color es verde, como la esperanza. Queremos verlo como un oasis , un descanso permanente. El futuro se construye en el pasado y en el presente. Hay que ser cautelosos: suele ser traidor y a veces no tiene escrúpulos. Es bueno, porque existe la posibilidad del éxito. Es malo, porque existe la posibilidad del fracaso. No hay mejor sabor que el de la plenitud.
Hace unos días soñé contigo y conmigo, juntos. Ahí éramos libres, felices. Estábamos sólo mirándonos, sólo enamorados.
Te parecerá extraño que te escriba. A mí también me lo parece, pero últimamente has estado en mi mente más de lo normal y sentí la necesidad de hacerlo… Y aquí estoy, terminando de enlazar éstas palabras que acabas de leer, o que jamás leerás.
2004