De ti
Abril 15, 2009

Es la delgada línea de tus hombros que vi en mis sueños hace unas noches.
Es la suavidad de tu piel y su color, dorado, como el atardecer.
Es tu mirada llena de oscuridad aletargada que desnuda, que destruye.
Es tu voz de sirena que aún me invita a perderme en ti.
Es aquel beso limpio, afuera de ese viejo café que inundamos de amor.
Es el toque de tus manos, temblorosas, húmedas, desesperadas por no soltarme nunca.
Es el color transparente de tus lágrimas derramadas sin sentido aquella tarde que debió ser eterna.
Es el dulce olor que despide tu cabello, y el poder que tiene para quemarnos.
Es el sabor amargo que llega desde mis ojos llenos de verde y beige y negro y nada.
Es ésta noche de luna llena y de imágenes nítidas que se suceden una a la otra como en un carrusel.
Y son estas grandes, inmensas ganas de olvidarte las que me hacen recordarte con más fuerza que ayer y que antier y que hace dos meses.
Quiero dormir una semana completa para que mis ojos descansen de ti.
Solo
Octubre 20, 2008

Abre ya, la puerta.
¿Por qué la noche no cambia su papel con el día? En la noche las cosas son como debieran ser siempre: aquí estás, a mi lado, con tu interminable sueño y tu cabello moviéndose al compás de tu respiración. En un par de horas estaré nuevamente sobre el asfalto de la fría carretera invitándome a recordar lo que no existe, lo que nunca fue. Inventar recuerdos es una práctica a la que pocas veces recurro, me he creído alguno y cuando la realidad me habla y me desmiente, me hace sentir apenado conmigo mismo, me ridiculiza. Hoy no quiero inventarme recuerdos, no quiero pensar mientras viajo que te dejé aquí, en ésta cama que tampoco es mía y no quiero recordar que el sonido de la puerta que cerré al salir a la calle te hizo despertar y correr para darme un último abrazo. Junto a mi no hay nada, ni un pedazo de cama sobra, ni los papeles regados que veo están aquí. No sé exactamente dónde estás, si estás durmiendo como no lo hago yo, yéndote apenas a la cama, terminando aquél ensayo, comprándote un nuevo par de zapatos o comiendo. No sé si es de día o de noche allí, donde estás. ¿Piensas en mi de vez en cuando? ¿Esperas con ansias verme? No sé siquiera si naciste ya de nuevo, como yo, que aún no lo hago. Nuestro encuentro es inevitable. Quiero de una vez por todas dejar de lado esa maldita práctica de inventar recuerdos (¿venden vidas en Oxxo?). Nuevamente el sonido del aire lleva voces de dolor y desesperanza, qué bueno que hoy sí tuve la fuerza para cerrar la ventana.
Ya quiero tenerte aquí, a mi lado, con tu interminable sueño y tu cabello moviéndose al compás de tu respiración.
Miedo repentino
Octubre 16, 2008

¿Es acaso que ésta cama tiene hormigas? Desde ayer intento conciliar el sueño y no paro de moverme. El televisor está a todo volumen y el frío de ésta habitación me impide levantarme a cerrar la ventana que me habla de historias de horror. Hacía ya un buen tiempo que frotar un pie contra el otro no fallaba como somnífero irremediable. Quisiera que esta fatiga no me venciera de una vez por todas. Días soleados consecutivos se han hecho presentes, el sol no ha cedido aún cuando ya no vea más ese nombre coloreado de verde. Pocas veces he tenido miedo. Cuando la hojas de ese libro quisieron herirme logré escabullirme por entre las plantaciones de maíz, cuando los náufragos vagabundos quisieron hacerme daño logré vencerlos, a todos (nada más falso que la muerte de un náufrago). Pero ayer, por la mañana, cuando asomado por la ventana descubrí a esa nube acechando mi casa, sentí como lentamente, el miedo se fue apoderando de cada una de mis venas, de a poco, mis movimientos se fueron volviendo torpes, mis manos comenzaron a temblar nerviosamente y me quedé petrificado al intentar emitir un grito de auxilio. Es una sensación agria la que te deja. Las nubes deberían ser inexistentes.
Mis días soleados están amenazados, hoy mismo no puedo conciliar el sueño y cerrar la ventana tratando de estar alerta, intentando no ser sorprendido por su sonrisa (de noche acechan sigilosamente y su ataque dura más que a la luz del día). Ésta cama llena de hormigas me ayuda a mantenerme despierto. Me niego rotundamente a perder el sol. Me niego medianamente a olvidar el dulce sabor de tu mala cara.