Emoción

Marzo 31, 2009

Quiero sentirme vivo por convicción y no por necesidad. Quiero respirar sin sentir éste dolor que aún hace detener mis pasos cuando tu sombra pasa sobre mi.

Quiero vivir. Quiero olvidar.

Sombra by Ramón Zaragoza

Vértigo

Enero 7, 2009

El dia empezó como cualquier otro: horrible. Los trazos de amargura que dibujaban las nubes en el cielo se acentuaron conforme el día maduraba. No logré escuchar las canciones que el viejo radio del carro programaba en su afán de arrancarme una sonrisa. Nada nuevo hubo en el trabajo: cartas, papeles, gráficas, estadísticas, informes… Lo de siempre, nada que logre entusiasmarme, nada que me haga abrir los ojos más allá de lo necesario para vivir monótonamente. A través de la ventana me percaté que el sol ganaba la batalla contra la lluvia y se posicionaba de forma tal que los melancólicos debieron alegrarse al menos por un rato. El entusiasmo que se respiraba en el ambiente era tan espeso que me incomodaba sobremanera. Éstas fiestas de fin de año nunca han tenido sentido: regalos, encuentros, abrazos… “Hipocresía decembrina” la llaman los expertos. Nada de ésto tendría sentido en otra época del año. No importa, logro adaptarme a veces y por ratos pareciera que de veras me divierto. Caigo en la cuenta que el día había llegado a la mitad cuand0 mi estómago lanzó un rugido estruendoso, casi lastimero. En el camino de regreso a casa las calles me parecieron más llenas de compradores apresurados y de señoras sonrientes que en días pasados, la lluvia había dado una tregua y aunque las nubes estaban presentes el sol lograba bañar de luz el asfalto húmedo. ¿Es acaso que nadie sabe apreciar los días nublados y la lluvia incesante? Podría vivir bajo la lluvia… Con la mente en blanco di la última vuelta antes de llegar a casa cuando tu perfil, moviéndose con toda delicadeza, enmarcado por unas líneas irregulares del color de mi estado de ánimo, me asaltó a mansalva. Y fue justo en ese momento, en ese mismo instante, en ese lugar casi mecánico para el mundo entero, en ese escaso segundo, donde supe que la vida, o al menos la que yo vivía, podía ser más que luces a medias y sombras por doquier, y contener más emociones que las que he experimentado, y gozar de más colores que los dos con los que he visto todo desde hace ya muchos años, y pude atisbar como los zurcos de mi cara se acentuaban para formar lo más parecido a una sonrisa al mismo tiempo que mi caja torácica se estremecía con la fuerza descomunal de un vértigo que me tomó completamente por sorpresa. Aceleré el paso para poder disfrutar un poco más de esa vista, pero ya no estabas… Y no pude controlar mis emociones en un largo rato: disfruté de todas las cosas que me sucedieron el resto de la tarde y la noche entera.

No sé cuánto tiempo pase para volver a verte. Tal vez eso no pase nunca. Pero qué reconfortante fue darme cuenta que estoy vivo y que aún hay caminos por recorrer que esperan pacientemente ser descubiertos antes de nuestro encuentro, el último.